Capítulo 7: Vergüenza y silencio: por qué las víctimas no denuncian
El siguiente escenario es un ejemplo educativo basado en patrones de fraude comunes. Los personajes y eventos son solo para fines ilustrativos.
En muchos casos, la consulta con asesoramiento legal comienza con un golpe vacilante en la puerta, casi inaudible. La persona que entra en una sesión de asesoramiento puede ser la encarnación de la respetabilidad: bien vestida, con una mirada que transmite la autoridad natural de alguien que ha gestionado grandes sistemas en su vida. Tomemos como ejemplo a Aarón (nombre ficticio), un educador jubilado, director de una institución educativa que formó a generaciones de estudiantes. En un escenario como este, a pesar de sus impresionantes antecedentes, puede estar sentado con los hombros hundidos y las manos temblorosas.
En este escenario educativo, la persona no comienza a hablar de inmediato. Puede quedarse mirando las paredes, buscando una respuesta a la pregunta que aún no ha formulado. Tras largos minutos de silencio, puede susurrar con dificultad sobre el intenso sentimiento de vergüenza, sobre cómo siente que todo su sistema de valores se ha derrumbado tras caer en la estafa, y sobre el gran miedo al momento en que sus familiares descubran lo que ha ocurrido.
Este es el momento central de este capítulo: el silencio. En estos casos, la víctima no solo sufre una grave pérdida financiera, sino que sufre una «muerte social» interna. Durante los años de ejercicio profesional, nos hemos encontrado con casos diversos: fraudes de seguros, falsificaciones de terrenos y complejas estafas piramidales. Pero, a menudo, la barrera psicológica de la vergüenza es la más compleja. La vergüenza se percibe como una herramienta eficaz en el arsenal del estafador digital. Es la última capa del fraude, aquella destinada a garantizar que el delito no se denuncie, que el dinero no sea recuperado y que el estafador pueda continuar con la siguiente víctima sin obstáculos.
El siguiente escenario es un ejemplo educativo basado en patrones de fraude comunes. Los personajes y eventos son solo para fines ilustrativos.
La historia de Aarón: la trampa silenciosa del «experto» (escenario educativo)
Todo puede comenzar con un mensaje inocente en LinkedIn desde un perfil que parece profesional y fiable, que ofrece la oportunidad de apoyar proyectos internacionales. El perfil puede mostrar a una figura con una trayectoria impresionante en empresas globales, que transmite prestigio.
Una persona que siente la necesidad de realizarse tras la jubilación puede sentirse halagada. El discurso profesional a menudo deriva rápidamente hacia conversaciones más personales, que incluyen una «oportunidad única» para invertir en canales que parecen exclusivos y cerrados solo para «personas visionarias».
Al principio, la víctima puede actuar con cautela e invertir una pequeña cantidad. Cuando la aplicación muestra ganancias rápidas y se permite un retiro inicial de beneficios, la confianza aumenta. Este es el «cebo» clásico que hace que la víctima se sienta aguda y actualizada, y transfiera cantidades significativamente mayores, a veces todos sus ahorros personales.
El punto de ruptura llega cuando la víctima solicita retirar una cantidad significativa. Entonces surgen excusas sobre «impuestos regulatorios» o «comisiones de liberación» que deben pagarse por adelantado. Tras los pagos adicionales, el estafador desaparece, los perfiles se borran y el saldo en la aplicación se reduce a cero.
En casos así, la víctima puede aislarse durante meses, evitar comer y poner excusas por su estado físico y mental. La vergüenza puede paralizarle, especialmente si se trata de una persona con estatus y autoridad anterior, que se pregunta cómo ha podido caer en semejante trampa. Este silencio puede doler más que la propia pérdida de dinero.
La psicología del silencio: ¿por qué la vergüenza es más fuerte que la lógica?
Al analizar las razones por las que las víctimas de fraude no se apresuran a presentar una denuncia, surge que el fraude es a veces una doble victimización: una vez en el bolsillo y otra en la autopercepción. La víctima puede experimentar una aguda «disonancia cognitiva» entre su imagen propia como persona inteligente y la realidad en la que ha caído en una manipulación.
La vergüenza surge de varias fuentes principales:
1. El estigma social: «la víctima culpable»
En la cultura moderna existe a veces una tendencia a culpar a la víctima. Frases como «a mí no me habría pasado» sirven como mecanismo de defensa para el entorno, pero hacen que la víctima tema ser juzgada y prefiera proteger su imagen, incluso al costo de una pérdida financiera.
2. La pérdida de autonomía y el miedo a la pérdida de independencia
Para las víctimas de edad avanzada, la vergüenza va acompañada a veces del miedo a que el descubrimiento del caso lleve a la conclusión de que ya no son capaces de gestionar sus asuntos o a la reducción de su independencia por parte de los familiares. El silencio es un intento de preservar la libertad y el estatus.
3. La «inversión perdida» y el deseo de reparación propia
Hay víctimas que intentan «corregir» la situación por sí mismas antes de que se descubra, con la creencia de que un pago adicional resolverá el problema. Esta es una etapa en la que el daño financiero puede aumentar significativamente.
El aspecto legal del silencio: las consecuencias de la espera
Desde un punto de vista profesional, el silencio de la víctima puede ser un obstáculo en el camino para examinar las opciones de recuperación de fondos. Cuanto más tiempo pasa desde el momento en que se descubre el fraude hasta la denuncia a las autoridades y a las entidades financieras, más pueden reducirse las posibilidades de una actuación eficaz.
La Ley de Servicios de Pago establece un marco de tiempos para denunciar transacciones no autorizadas. La ley determina que el cliente debe notificar a la cámara de compensación o al emisor sobre una transacción no autorizada tan pronto como sea posible. En circunstancias de fraude, el momento de la denuncia puede tener gran importancia.
Cuando hay un retraso significativo en la denuncia debido a la vergüenza, la entidad financiera puede presentar alegaciones de negligencia, argumentando que si la denuncia se hubiera presentado antes, se podría haber evitado parte del daño. El silencio puede ser utilizado por las instituciones financieras en un intento de reducir su responsabilidad.
Además, en ciertas operaciones como las transferencias bancarias interbancarias (Zahav) o las transferencias de criptomonedas, la ventana de oportunidad para realizar acciones de devolución o congelación de cuentas es muy breve. Los estafadores aprovechan el retraso para mover los fondos a través de una cadena de cuentas que dificulta su localización.
Romper el vínculo del silencio: aspectos profesionales
Un cambio en la situación de la víctima puede producirse en el momento en que entiende que se trata de una actividad delictiva planificada que utiliza herramientas psicológicas complejas. Comprender los patrones de actuación de los estafadores puede ayudar a reducir el sentimiento de autoculpa.
Para hacer frente a esto, se pueden considerar los siguientes pasos:
1. Reconocer la realidad
Es importante entender que el fraude digital es un delito basado en la ingeniería social y la manipulación, y no hay necesariamente una conexión entre el nivel de inteligencia de una persona y la probabilidad de caer víctima de un ataque bien planificado.
2. Asesoramiento profesional
Recurrir a profesionales puede ser una «primera parada» que permita crear un espacio seguro para aclarar los hechos sin juicios emocionales. La elaboración de un plan de acción puede facilitar a la víctima el momento de compartir lo ocurrido con su familia, estando equipado con información y posibles vías de actuación.
3. Concentración de datos y pruebas
Recopilar capturas de pantalla, documentación de conversaciones y justificantes de transferencia es un paso importante. Esta acción ayuda a cambiar hacia una mirada más objetiva sobre el evento como parte de la preparación para la actividad legal o el recurso a las autoridades.
La responsabilidad de las instituciones financieras a la luz de la ley
Al examinar los casos de fraude, surge la cuestión sobre los deberes de fidelidad y diligencia del banco hacia el cliente, incluso cuando el cliente actuó bajo la influencia de la manipulación del estafador.
Un análisis general de las opciones legales plantea que las instituciones financieras tienen sistemas de monitorización que deberían detectar patrones de actividad inusuales. En los casos en los que se realizan transferencias por cantidades significativas que exceden el perfil del cliente, se puede examinar si la institución actuó de acuerdo con sus deberes.
Sin embargo, en escenarios en los que la víctima es guiada por el estafador para proporcionar explicaciones falsas al banco debido a la vergüenza o al secreto, esto puede afectar a la distribución de la responsabilidad entre las partes. La institución financiera puede argumentar que fue engañada por el cliente.
A pesar de ello, la tendencia reflejada en las directrices profesionales, como las instrucciones de gestión bancaria adecuada, impone a las instituciones financieras deberes de investigación más profundos, especialmente en operaciones inusuales. El silencio de la víctima es ciertamente un obstáculo, pero existen casos en los que es posible examinar la responsabilidad de la institución a pesar del retraso en la denuncia.
Resumen
En los casos en los que se retira la carga del secreto, se puede comenzar a actuar de manera ordenada. La posibilidad de recuperar fondos depende de las circunstancias específicas de cada caso, pero romper el silencio es, por lo general, el primer paso necesario.
Entender que la vergüenza sirve a los intereses del autor del delito puede ayudar a las víctimas a salir del aislamiento y comenzar a actuar para hacer valer sus derechos. En el momento en que se establece comunicación con profesionales, es posible examinar las herramientas legales y prácticas a disposición de la víctima.
Señales de advertencia de la «trampa de la vergüenza»
- La otra parte pide mantener un secreto absoluto sobre la transacción.
- La otra parte le indica que proporcione explicaciones específicas al banco para «evitar retrasos».
- Existe una sensación de necesidad de ocultar operaciones financieras significativas a su círculo cercano.
- Gran temor a las críticas del entorno sobre las decisiones financieras.
¿Qué se puede hacer (en un escenario de sospecha de fraude)?
- Detener la actividad: Se recomienda considerar la interrupción de transferencias financieras adicionales hasta aclarar la situación.
- Documentación: Mantener un registro de las comunicaciones y confirmaciones puede ser esencial para el futuro.
- Consulta: Hablar con un profesional puede ayudar a evaluar la situación de manera objetiva.
- Denuncia: Se puede considerar informar a la institución financiera pertinente para intentar detener futuras operaciones.
Análisis legal general
Al examinar estos casos, se pueden analizar aspectos de «culpa concurrente» frente a los deberes de diligencia de la institución financiera. Si bien el retraso en la denuncia puede afectar las posibilidades de recuperación de fondos, existen situaciones en las que es posible examinar la responsabilidad de la institución financiera si esta ignoró señales de advertencia claras en sus sistemas.
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